En medio de todo el ruido que genera la actualidad, periódicamente la realidad nos zarandea y nos saca del letargo cotidiano. Sin apenas darnos cuenta, el lento fluir de los días, amontona el tiempo en todos los rincones y Aler no es una excepción.
Ese cúmulo de días y años construidos con el recuerdo de las gentes que antes de nosotros hicieron suya la plaza, los campos, los caminos, la iglesia o la fiesta de San Pedro, se enriquece con las personas queridas que cruzan al Oriente Eterno dejando tras de sí el dolor de sus familias, amigos y conocidos. Nadie en su sano juicio puede dejar de dolerse por el dolor ajeno. El "otro" es espejo de nuestra individuación, testigo de nosotros mismos en ese juego anímico que supone la convivencia. Algo no siempre fácil en una geografía humana y social en franco retroceso de los valores del "común", algo de que decimos adolecer en el momento de la despedida a los seres queridos y algo que posiblemente convendría actualizar de vez en cuando en tanto la eternidad no hace acto de presencia.
El último vecino y amigo de Aler en traspasar el umbral del recuerdo ha sido Ramón. Aquí se le llamaba Ramón, de Casa Perat, en otros sitio lo identificaban como Ramonet de Pelaire y en su DNI ponía simplemente Ramon Llanas. Un eslabón más, como cada uno de los que leáis este sentido homenaje, en esa cadena de difícil entendimiento que hemos dado en llamar vida y que más veces de lo recomendable, se tiende a considerar interminable, como si la eternidad fuera cuestión de tiempo.
Desde este blog queremos transmitir a su compañera Teresa y toda su familia nuestro acompañamiento en este tránsito por la sombra y, al mismo tiempo, nuestro sincero compromiso por seguir construyendo convivencia junto a ellos en el rincón de esta geografía de almas.
“Después de todo, la muerte es solo un síntoma de que hubo vida.”
Mario Benedetti

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